Parvulario I.

Me teneis harta
con vuestras inseguridades
y vuestras predisposiciones
y las etiquetas
que colocais
dentro de cerebros
que ni son vuestros
ni quieren.

Muerto como el arte.

No existe la forma de recuperar lo muerto.
El destrozo es más fácil y más rápido que la construcción. Uno nace en nueve meses y muere en un segundo. Pero ¿no es acaso el destrozo otra forma de creación? Y es la muerte el inicio de un nuevo principio de vida, donde se queda uno en el recuerdo, en los lienzos y en las páginas. 
La muerte nunca deja su trabajo a medias, nunca se salva uno de ella. Muere la imagen, muere la reputación, muere el dinero, muere el sentimiento, muere hasta el recuerdo. 
Así que no. No existe la forma de recuperar lo muerto.
A quién le importa.

[A quién le importa si el deceso es arte, y el arte es eterno porque ya está muerto.

Errata.

*¿Te acuerdas del relato anterior?
Creo que soy yo la que me caigo
y tú el que me agarras.

Voy a dejar de hablar en medio del túnel.

Estoy en la cuerda floja, pero no voy a sufrir más por ti. No quiero mirar más veces abajo y ver el vacío, y sentir que voy a caer porque voy tirando de ti.
Si no fuera por ti.
Si no fuera por ti estaría pisando tierra firme.
y si no fuera por mí,
si no fuera por mi estarías en lo hondo del precipio.
Así que estoy en la cuerda floja, pero ya no más. Esta es tu última oportunidad, la oportunidad de darme la mano en vez de arrastrarme por ella. La oportunidad de que me dejes llevarte a tierra firme de una vez. Porque si no me ayudas, no seré yo la que caiga contigo.
O te estabilizas ahora,
o es adiós.

PD: Y que rabia de adiós.

La línea circular.

Regina Spektor - Us ♫.
Imagínatelo.
Tú y yo dando vueltas, cogidos de la mano, en un círculo interminable y algo inexacto. Tu cara. Mi cara. El mundo.
Imagínatelo.
Perderse en las vueltas
en el equilibrio
y no caer.

No caer.

Qué de luz y en dónde.

Morningsiders-Empress ♫.
Tengo una vaga idea de la felicidad.
Creo que huele a viejo. No ese olor que apesta a pasado. El que es más como un clásico, un recuerdo que te impulsa hacia delante. Y no es un estado continuo; son más bien puntos inconexos en el tiempo, un sonido que perpetua en la memoria y se hace eterno. 
Es un instante. El blanco de las paredes, la luz de las monteras sobre las sábanas a las ocho de la mañana, la calidez de la madera y una barba debajo de la almohada. 
Tengo una vaga idea de la felicidad.
Abstracta y dulce. 

Ahí va mi disculpa.

Sabes, no sé por qué, ayer fue un buen día. Discutimos (o discutí yo) pero fue un buen día. 
A ti no te importa que yo esté mal, no de esa manera a la que todo el mundo importa. Tú no te rindes, y no sé porque. Es como que escuchas y olvidas, aunque no lo hagas de verdad, siempre le restas esa importancia de más a los asuntos. 
Y digo que fue un buen día porque atardecía, y se veían las cosas en ese blanco y negro que causa la ausencia de luz. Era un negro como azulado, romántico. Y tu piel se veía tan blanca contra todo lo demás, y tus ojos tan mar. Eran casi verdes ayer, esperanza. 
Es que, no sé como lo haces, que siempre representas la esperanza. 
Maldita sea, como separarme de ti cuando te quiero tanto que me duele la garganta solo de pensar en tus silencios. Silencios que no miran a ningún lado, que no esperan nada, que no se impacientan ni parecen forzados. Silencios que a día de hoy solo he podido ver en ti. 
No quiero perderlos, no quiero perderte,
como me cuesta contra el ruido.

Memorias.

Me escribo a mi misma para no olvidarme del pasado. Escribir es una manera de retener cosas que no sabes si existen o no de verdad. El amor, las ganas, el sueño. Cosas que se evaporan, que cambian con el tiempo, que son inestables como la vida, porque son consecuencia de ella. 
Me gusta echar la vista atrás y ver lo que escribí, porque sé que lo que escribí es lo que era. A veces, sobre todo en las noches (tiendo a pensar mucho por las noches últimamente, horas eternas), me planteo como hay gente que puede vivir sin arte. Sin expresar en un par de brochazos, en un par de líneas de grafito, toda la emoción interior. Y la ira, cuando sale en forma de verbo, es exquisita, elegante, se curva como las letras.  Llorar con las letras de una canción, hasta temblar. Llorar sin motivos, en una muestra de que se es un ser enteramente pasional. 
Así que me escribo a mí misma para que, dentro de muchos años, cuando me tropiece con este texto, pueda sonreír, y recuerde el momento exacto, la sensación de la lágrima al borde de los ojos, el amor que sentí y las esperanzas que siempre tuve. Para que quién quiera que lea esto sepa que fui, que sentí, aunque en ese momento ya no sea, aunque en ese momento no exista en lo físico. 
Nunca se deja de existir en lo mental 
si se ha esforzado uno lo suficiente 
para ser recordado con bondad.

Gracias por cosas como esta. Gracias.

A lo mejor ser soñador es ser iluso. Mejor ser iluso que conformista.

Música.

¿Qué estamos haciendo con el mundo?
Quisiera creer que las cosas va a mejor. Que el sudor de la frente de tanta gente, que levantarse del asiento, son acciones que en algún momento mereceran la pena.
Escribir esto aquí no sirve de nada. Ya lo sé. Nada de lo que yo haga va a servir de nada, porque no tengo la fuerza suficiente, de manera individual, como para cambiar nada. 
Pero no por eso voy a parar. No por eso voy a rendirme. Hace muchos años, en el colegio, vi un documental sobre el calentamiento global. No sé cuantos años tendría. Ocho quizás. Le dije a un par de compañeros de clase; hagamos algo. Vamos a poner carteles por las calles, vamos a intentar protestar. Todos dijeron que no serviría de nada, porque solo teníamos ocho años, y nadie hace caso a los niños de ocho años. Y es verdad. Pero que importan la verdad, la razón, la posibilidad, cuando se tienen las ganas de un soñador. 
No puedo dejarme arrastrar por la idea de que no voy a servir de nada, porque entonces sería como dejarme morir. Y si algo es la vida, es una lucha contra la muerte. Hay que vivir luchando. Porque si no luchas, si no tienes esperanza, habrás desaparecido del mundo antes de empezar.
Nunca pierdas la esperanza de cambiar al mundo porque se puede.
Te juro que se puede.

La barriga del monstruo.

El reloj hace tic tac en medio de la noche. Y en la ventana, amenaza con aparecer un monstruo. Las sábanas a la altura de los ojos, la respiración silenciosa, el foco de brillo tembloroso en el borde de la cuenca de los ojos. 
Se oye un crujido. Pam se acurruca entre las sabanas, le dan miedo los dedos por encima de la tela, al borde del peligro, lejos de la seguridad cálida de los huecos de la cama. Ya no respira. Espera atenta la próxima señal. Siente que le araña la garganta, pero es más por el miedo que por el monstruo. 
Ay. No sabe si cerrar los ojos o dejarlos abiertos, porque el corazón le bombea igual de rápido de las dos formas. 
-Papá. 
Pam tiene miedo. El monstruo va a aparecer por la ventana, y se la va a comer con patatas fritas, y tendrá que vivir en la barriga del monstruo, y no quiere. 
Se oyen unos pasos por el pasillo. Y entra. La silueta. En la habitación. Pero Pam no le tiene miedo a la silueta. Porque es grande y fuerte y puede con todos los mostruos del mundo. 
-¿Qué te pasa?
-Tengo miedo.
La silueta se acuesta con Pam, y en su calidez, en el hueco que hacen sus grandes hombros, en los que cabe ella entera, cierra los ojos y se queda dormida. 
El monstruo mira por la ventana enfadado. Contra papá no puede hacer nada.
-Maldita sea -exclama -Con lo rica que parecía.

que también es una mujer digna de mil cuentos.

2009-2016. Todos los derechos reservados a Alicia Alina.